La Junta de Andalucía quiere regular la atención al enfermo terminal.
La Junta de Andalucía ha dado los primeros pasos para preparar una Ley de Dignidad ante el Proceso de la Muerte, con la que quiere fijar los derechos de los pacientes y encuadrar las actuaciones médicas en la atención de enfermos terminales.
Se trata de regular un derecho reconocido en el nuevo Estatuto de Andalucía,
que entró en vigor en marzo de 2007, que aborda el testamento vital y la
dignidad ante el proceso de la muerte. “Se reconoce el derecho a declarar
la voluntad vital anticipada que deberá respetarse, en los términos
que establezca la ley. Todas las personas tienen derecho a recibir un adecuado
tratamiento del dolor y cuidados paliativos integrales y a la plena dignidad en
el proceso de su muerte”, prescribe en sus dos apartados.
El Comité de Ética e Investigación dependiente de la Junta
de Andalucía ha iniciado un debate cuyas aportaciones serán incorporadas
al trabajo de los expertos encargados de la elaboración del borrador
de Ley, que se prevé pueda ser presentado ante el Consejo de Gobierno
en octubre de este año. El Comité de Ética acogerá
una primera aproximación a los diferentes conceptos que surgen cuando
se habla de muerte digna, tales como eutanasia, limitación de esfuerzo
terapéutico, rechazo de tratamiento o denegación de consentimiento,
sedación paliativa o suspensión de atención médica
por fallecimiento.
Principios que ya se aplican
Joaquín Fernández-Crehuet, catedrático de Medicina Preventiva
y Salud Pública de la Universidad de Málaga y fundador de la Asociación
Española de Bioética, considera que esta ley es innecesaria, “porque
los médicos ya actuamos en las direcciones que se indican en los presupuestos
del borrador de la ley. Existen unos protocolos científicos que marcan
la pauta en nuestras prácticas médicas. Lo que sí es necesario
es que el legislador garantice que en cada centro sanitario, público
o privado, exista un comité ético asistencial encargado de estudiar
casos concretos de pacientes terminales”.
Fuentes de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía reconocen
que los principios mencionados de la futura ley ya están vigentes en
la práctica clínica, pero que la administración autonómica
desea que adquieran el rango de “derecho ciudadano” para evitar
que la posible objeción de conciencia de los médicos evite su
aplicación. “Se trata de regular ese derecho ciudadano, crear un
marco legislativo para la atención a los enfermos terminales que debe
aplicarse también en los centros sanitarios privados”, señalan
las mismas fuentes.
La consejera de Salud de la Junta de Andalucía ha tratado de situar
el proyecto de ley al margen de la eutanasia: “El derecho a la muerte
digna no significa responder al binomio eutanasia sí, eutanasia no; entre
el derecho a la muerte digna y la regulación de la eutanasia hay un montón
de pasos intermedios, una variedad de atención asistencial diferenciada
a pacientes distintos que exigen una regulación para asegurar que se
respeta la voluntad del paciente y que los profesionales tienen un marco jurídico
que permite avalar su práctica profesional”, ha manifestado a Efe.
Sin embargo, las diversas voces del PSOE que solicitan la aprobación
de una ley de eutanasia hacen necesario un análisis detenido del contenido
de la futura ley, ya que los conceptos de muerte digna, sedación terapéutica
u obstinación terapéutica no son unívocos.
En este sentido, Fernández-Crehuet explica que el concepto de muerte
digna no tiene nada que ver con la eutanasia. “Muerte digna es morir con
todos los tratamientos médicos y psicológicos adecuados, y con
el afecto que merece toda persona humana: los enfermos tienen la misma dignidad
que los sanos. Sin embargo, la eutanasia es el acto deliberado de eliminar una
vida humana, lo cual nunca es admisible. Pero hay que advertir que tan reprobable
es la eutanasia como la obstinación terapéutica por mantener una
vida artificialmente con medios desproporcionados. Cada caso es distinto”.
La Junta de Andalucía pretende con esta ley evitar casos como el de
Inmaculada Echevarría, que, ingresada en el Hospital de San Rafael de
Granada, pidió ser desconectada del respirador que la mantenía
con vida, petición que autorizó la Junta y se efectuó tras
ser trasladada a un hospital público el 14 de marzo del 2007 (ver Aceprensa
33/07).
Fernández-Crehuet entiende que el protagonismo en la atención
sanitaria corresponde a los médicos, y que no es positivo que los políticos
se inmiscuyan en unos protocolos “que ante todo son científicos”.
“Hay que estudiar la situación de cada enfermo. En unos casos,
estamos ante pacientes con enfermedades irreversibles cuya vida se está
manteniendo artificialmente, por lo que es más correcto hablar de limitación
del esfuerzo terapéutico, que es una práctica impecable desde
el punto de vista ético. En otros, nos encontramos ante un enfermo terminal
con un dolor refractario a los analgésicos, y es ética la sedación
paliativa con objeto de eliminar el sufrimiento. Si de esto se pudiera derivar
un acortamiento de la vida, eso no es eutanasia. Para estos casos existen las
unidades del dolor, que palían el efecto de los síntomas. Es ético
sedar a un paciente aunque se produzca un efecto colateral de acortamiento de
la vida, pero nunca se debe practicar la sedación si tiene como principal
efecto adelantar la muerte”.
Sobre la eutanasia, Fernández-Crehuet afirma que ya hay estudios científicos
que demuestran sus consecuencias: “La experiencia de la ley de eutanasia
holandesa ha demostrado que, de 4.500 casos revisados, el 20% de los pacientes
murió sin consentimiento expreso; y en el 40% de las muertes, la eutanasia
estuvo precedida de actuaciones médicas que aceleraron el proceso de
la muerte. En consecuencia, los casos particulares deben ser estudiados particularmente.
El movimiento pro eutanasia encubre a menudo motivos inconfesables, nada solidarios,
sino mercantilistas: despejar camas hospitalarias, disminuir los presupuestos
sanitarios… Se apela a los sentimientos compasivos, pero la realidad demuestra
que se elimina a muchos enfermos y ancianos con un total desprecio a la vida
humana”.